Pongámonos en situación: autor novel, que trata de encontrar su camino literario probando diversos géneros y formatos, se descubre un cierto día cuando todavía no había arribado hasta nosotros la infaustamente llamada «nueva normalidad» con que su vida daba, más que un vuelco, una voltereta en el momento en que a su amada la invocan desde una isla cercana pero lejana en muchos sentidos en aquel tiempo para desempeñar una insigne labor. De repente no sabe cómo encauzar su vivencia y emoción. Durante el encierro pandémico ya se las había apañado bien con su colaboración en cierto librillo sobre brujas, pero esto era nuevo, era algo más y se encontraba perdido. Vino a su rescate la poesía de cuño japonés, el haiku, elegante y complejo a pesar de su aparente simpleza. El peso del mundo se hizo más liviano.
Así empezó una andanza que terminó durando tres años, un ciclo vital, como lo consideré. A este luego han llegado otros, no obstante puedo decir que los he encauzado en otros géneros o en otras formas artísticas. La inmersión en el mundo del haiku quedó enmarcada en aquella época, y, aunque por descontado no niego regresar algún día a ello, sí lo he entendido como un hito que precedía al siguiente, y al siguiente, en esa constante búsqueda literaria en la que todavía me hallo.
«Los días rápidos» consta de tres volúmenes que recorren otros tantos años de vida, desde lo época pandémica, pasando por los menos atribulados tiempos de conflicto a las puertas de Europa, y terminando en un periodo en que las heridas de la crisis climática ya se sienten a perpetuidad, Grecia, Roma y Japón, a través de las cuatro estaciones, como símbolo del ciclo vital del mundo y del propio, se encuentran desde sus respectivos universos de influencia para destilar una esencia humana enfocada en la experiencia personal que brinda el medio y modelo de expresión del citado haiku.
Al lector seguramente también le interesará prevenirse sobre la calidad (o la falta de ella) de esta obra. Humildemente sólo puedo contestar que no es una obra que quepa en el mundo editorial tradicional. Podéis llamarme nadie porque nadie me conoce, nadie lee poesía, nadie sabe sobre el mundo clásico y sobre la cultura japonesa, y por tanto nadie lee específicamente haiku. Nadie iba a comprar este libro, y nadie en el mundo editorial ganaría dinero con ello. Suena muy categórico, ¿cierto? Porque alguien habrá que lea poesía, alguien que sea conocedor de las culturas mencionadas, alguien a quien le agrade en particular el haiku… de modo que para los alguienes va dedicado este libro y con él el esfuerzo de haberlo hecho posible en papel, más allá del acto de haberlo escrito. Y espero, de corazón, que alguien encuentre algo que le haya supuesto algún valor añadido y le haya merecido la pena.
El poemario está disponible en Amazon en este enlace, pero desde este diminuto púlpito deseo hacer un llamamiento a toda librería a quien pueda interesar contar con al menos unos pocos ejemplares, porque sería en verdad hermoso participar en ese preciado entramado cultural que mantienen muchos libreros y libreras con no pocas dificultades.
He tratado de cuidar cada aspecto que vertebra la presente edición, y debo hacer mención del enorme artista que, más que diseñar la portada y contraportada, ha creado un lienzo maravilloso en el que se refleja la esencia de esos días que, sí, pasaron rápidos. Se trata de Dagon, cuya producción visual recomiendo encarecidamente visitar.
Sin más llega la hora de que estos versos vuelen con la esperanza de ser recibidos con agrado y albergados con cariño; o disfrutados con alegría y olvidados sin remordimiento. En todo caso, que sean leídos.

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