Hoy es, sin duda, un gran día. Hoy un trabajo colaborativo hecho con gran cariño y seriedad, que tuvo que capear temporales pandémicos pero que, gracias al esfuerzo denodado de la editorial Shangrila por hacer posible que viese la luz en este año, se encuentra a disposición de todo aquel que desee entrar en contacto con una de las figuras de nuestro imaginario colectivo que más tinta, sangre, pintura y fotogramas ha producido. No hay nadie que no sepa qué es una bruja, que no tenga una imagen de ella, ni una idea de sus capacidades, de su leyenda negra, de los tópicos ligados a ella o de la terrible suerte que etiquetar a una mujer en la historia con ese apelativo conllevaba para la susodicha. Hoy vuelven a resonar sus historias, sus visiones, sus difamaciones e injusticias transmitidas en los medios artísticos, tan poderosos, tan peligrosos, tan liberadores.
Esta colosal empresa, en la que verdaderos titanes y titánides de la investigación en el medio especializado, diríase, forman Akelarre, y en la que un humilde servidor ha tenido el honor de aportar su grano de arena trayendo al lector los orígenes del concepto que Europa y Occidente conformará como el de BRUJA, aporta claridad, sabiduría y deleite en quien se aventure a recorrer sus 485 páginas, con ilustraciones a todo color seleccionadas (como no podría ser menos con esta temática) y una muy cuidada edición. ¿Y qué más podría añadir al respecto que no esté ya presente en la sinopsis de la obra…?

¿Qué es una bruja? ¿Qué visión han dado de ella la Historia y el Arte? ¿Por qué sigue siendo un tema presente en la cultura actual? ¿Dónde reside su atractivo para la población adolescente e infantil? Una bruja es una entidad diferente según la perspectiva histórica, cultural y religiosa de quien la nombra, designa, define o recrea. La brujería en su realidad histórica y la bruja en su dimensión mítica han supuesto un tema fundamental en la creación artística en general y en la producción audiovisual en particular: de Hans Baldung a Remedios Varo, pasando por Goya, el Prerrafaelismo y el Simbolismo; de Benjamin Christensen a Lars von Trier, pasando por Walt Disney, Mario Bava y el cine de la Hammer. Al contrario de lo que aconsejaba el Antiguo Testamento, en la actualidad la moda, la música, las series televisivas, la industria del juguete, los videojuegos e Internet mantienen a la bruja viva, más que en ningún otro periodo histórico.
Este libro aspira a demostrar la buena salud de la que goza la bruja como atractivo arquetipo para la cultura popular. Desde un enfoque integral que armoniza la Historia, la Historia del arte, el análisis fílmico, la Mitología, la Antropología, el Ocultismo, los estudios culturales y el enfoque de género, pretendemos arrojar algo de luz sobre la figura de la bruja, ser liminal y polifacético cuyas implicaciones y lecturas sociales, políticas y de género son más profundas de lo que pueda parecer a simple vista. Su instrumentalización no debe hacernos olvidar que las llamas de las hogueras siempre pueden estar prestas a prender con los rescoldos de la intolerancia, la discriminación, el dogmatismo, el fanatismo o la estrechez de miras. No es casual que la Caza de Brujas como fenómeno histórico haya acabado convirtiéndose en expresión metafórica para designar actitudes sociales e institucionales de carácter represor y paranoide, presentes hoy día en ámbitos muy distintos. Ya sea usada para denigrar a cualquier mujer que se salga de los cánones establecidos por el sistema, ya sea como reclamo erótico, o en contrapartida, ya sea reivindicada por los feminismos justo por su posición de mujer libre; la bruja proyecta su larga sombra sobre la actualidad como enigma implacable del orden simbólico y arquetípico.