Extracto de «Hechiceras de Grecia y Roma», en La Bruja. Una figura fascinante (M. Hormigos, C. A. Cuéllar (Coords.)), Shangrila.
Medea, conocida ya de antiguo como parte del complejo mitológico, con alguna mención en Píndaro, tendrá mayor protagonismo para nosotros en la tragedia homónima de Eurípides, en la cual la presencia de su magia se reduce a un uso hostil y mortífero al servicio de su venganza, focalizada en el empleo de φάρμακα contra la prometida de Jasón y su padre. Eurípides, con su trato realista de los personajes, nos presenta a Medea como una mujer alejada del mito, mala por naturaleza, envenenadora, que como bárbara es capaz de hacer lo que ninguna griega haría.
Habrá que adelantarse hasta el Helenismo para observarla en todo su esplendor y considerarla como figura arquetípica que es, con su diversidad ritual y de capacidades. Concretamente nos situamos en Las Argonáuticas de Apolonio Rodio, cuyo canto III presenta a la joven al lector: se la llama πολυφάρμακον, φαρμάσσειν, i.e. la que hace pócimas, con las cuales incluso aplaca el aliento del infatigable fuego, y detiene al momento los ríos de rumorosas corrientes, y encadena los astros. Esto no es un simple recurso poético, sino que transmite una creencia sobre la esencia de la magia y de quien la ejerce: la capacidad de quebrantar y someter las leyes de la realidad, de la naturaleza, de lo humano y lo divino. Entre la variedad de demostraciones de esta capacidad se encuentra una muy citada en la literatura grecolatina, la de τῆς σελήνης καθαιρεῖν, i.e. bajar la Luna, entendida esta acción como descendimiento u ocultación del astro, y asociada principalmente a las tesalias, cuya fama de hechiceras se habría debido muy probablemente a que el mito de Medea sería originario de Yolcos. En todo caso la ruptura del orden cósmico que logra la hechicera con su magia se consideraría en el imaginario griego como una acto de ὕβρις.

Por amor Medea pone sus conocimientos y pociones al servicio del héroe Jasón para lograr su cometido, escogiendo primero la Pócima Prometeica, φάρμακον Προμήθειον. Se describe exhaustivamente el proceso de recolección de la planta necesaria para la poción, muestra del valor que tiene para el rito mágico el instrumental empleado, así como los procedimientos de extracción requeridos, tales como la purificación o la repetición en una serie de números precisos y bajo unas condiciones astrológicas determinadas. En efecto, los conocimientos astrológicos son de capital importancia en hechizos, recolección de plantas, elaboración de pócimas y amuletos y en todo proceso mágico en general. Importantes son también las acciones repetitivas y purificatorias durante el ritual mágico, hecho que no difiere en esencia del rito religioso. Se completa la visión de la joven hechicera con la mención de su costumbre de acudir al cementerio a por “maléficas raíces” y otras materia magica, para sus prácticas, quedando coronada por una denominación más explícita en γυναῖκες φαρμακίδες, i.e. lit. mujeres que hacen φάρμακα, o simplemente hechiceras.
Ante la gran empresa de contener al dragón que protege el vellocino, Medea cuenta con diversos recursos para conseguir su objetivo mágico, como el rito previo de la invocación a las divinidades y fuerzas competentes o la palabra con su poder de hechizar, mientras unta su pócima sobre la cabeza del dragón para así mantenerlo dormido. Este pasaje nos ofrece una concreción sobre la creencia en el funcionamiento de la magia, tomando pie en la base conceptual ya planteada: se trata de la idea de συμπαθεία cósmica, de que todo en el universo está interconectado de manera intangible, y, de que, por tanto, conociendo esas conexiones ocultas a simple vista, puede actuarse sobre ellas mediante una fórmula similia similibus.
Hemos contemplado, por tanto, a una mujer joven de una tierra bárbara, que cuenta con capacidades consideradas sobrehumanas gracias a su conocimiento de la magia, llevada por amor a realizar todo tipo de proezas, y que a la postre, engañada y traicionada por ese mismo amor, no duda en utilizar esos mismos medios para realizar su terrible venganza. Medea, como la magia, excede y quebranta los límites, es útil y peligrosa, pertenece a un mundo extraño, y su rostro es el femenino, como el de la patrona de la magia, Hécate. Estas características ayudan a comprender que su figura constituya un arquetipo de hechicera recurrente en la literatura.